Leonardo Cremonini

Hijo de un trabajador ferroviario y artista aficionado que le introdujo en la pintura. En 1936, cuando su padre fue trasladado, la familia se trasladó a Paola, en Calabria, al sur de Italia.

El descubrimiento de las playas de la costa tirrena va a suponer una verdadera conmoción para el niño: el ambiente marinero volverá en adelante para siempre en su obra. Dotado, la beca del Colegio Venturoli en 1941 le permitió estudiar en la Academia de Bellas Artes de Bolonia, y luego, en 1945, en la Academia Brera de Milán. En Bolonia, Cremonini conoció a Giorgio Morandi, que le marcaría.

Tras un año de vivir y trabajar en Venecia, el joven pintor se trasladó a París en 1951 gracias a una nueva beca. Su primera exposición tuvo lugar en el Centro de Arte Italiano.

Claramente influenciado por Morandi, Mario Sironi y Felice Casorati, pero también por la pintura, entonces mal vista, de Francis Bacon, y de nuevo por la de Bernard Lorjou, sus primeras obras representan, en una vena expresionista, cuerpos torturados y reses desolladas. Su arte evolucionó entonces hacia un estilo de pintura más intelectual y sofisticado.

Desde finales de 1955, Leonardo Cremonini estabilizó su residencia principal en Francia, alternándola con largas estancias de trabajo en Forio d’Ischia. En 1956 pasó un periodo de trabajo en Douarnenez (Bretaña), donde conoció a Georges Perros, que se convertiría en su amigo. En 1958 y 1959, pasó dos años enteros en las Islas Eolias, frente a la costa de Sicilia, en Panarea, donde hizo comprar una casa a su amigo Roberto Matta.

De 1952 a 1960, Cremonini expuso casi exclusivamente en Nueva York, sin fijar nunca su residencia. Durante estos años, muchos artistas y escritores se convirtieron en sus amigos. A principios de la década de 1960, su obra se hizo mucho más visible en Europa, donde las exposiciones se sucedían con regularidad.

A lo largo de los años, se celebraron importantes retrospectivas en París, Bruselas, Praga, Tokio, Basilea, Atenas, Bolonia y Milán, entre otras. La pintura de Cremonini se fue refinando cada vez más, componiendo siempre de forma más rigurosa y compleja, hasta el punto de que se podía hablar de abstracción frente a lienzos no obstante muy figurativos, pero ordenados con una precisión impresionante.

Leonardo Cremonini también prestó cada vez más atención a la luz, aplastada por el sol de las Islas Eolias, en el norte de Sicilia, o deslavada por las lluvias de Normandía, en Trouville, donde tenía sus hábitos.

Su material, caracterizado durante mucho tiempo por una pintura tan líquida que goteaba sobre el lienzo, animando la superficie de forma original y fascinante, recuerda a esas ventanas empañadas o tachonadas de gotas de agua, que son otras tantas trampas para la mirada que intenta atravesarlas.

(Fuente: mchampetier.com)

Sobre el Artista

Leonardo Cremonini

Bolonia (Italia), 1925 – París (Francia), 2010

Obras de Leonardo Cremonini
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